En un pasillo interminable,
saciado de gente y concurrido
por sombras,
seres tenebrosos y afligidos
por su amor a la nada,
al ser nadie y al ser vivo.
No es algo extraño,
en cualquier lugar puede ser visto.
Y ante todo el tumulto
un ángel escarlata me ha sonreído.
“Estas en el mundo, niño” – dijo la mujer de rojo.
“¿Qué mundo?” – pregunté.
“El de los muerto y los deprimidos”.
Not bad, Frank Allen, not bad.
ResponderEliminar